1. El domingo de tonterías
(Der Unsinnsonntag - p.19-20)
por Sra. Elisabeth Stiemert
-- Los niños construyen una caseta para perros.
-- Un hueso y una piel de salchicha.

Perro con un hueso [1]
Traducción:
Un domingo por la mañana, un niño y una niña tenían un gran
deseo de hacer tonterías. Empezaron mientras aún estaban en
la cama. Construyeron una casa con sus almohadas en su cama.
Se suponía que iba a ser una caseta para perros, y luego
jugaron a los perros.
Cuando la madre entró en la habitación y se sentó junto a
ellos, "Buenos días, vosotros dos", respondieron como
perros. Ladraban "wau, wau". Se arrastraron por el pasillo
hasta el baño, y en el baño también ladraron otra vez "wau,
wau". Ladraron hasta que el padre llamó muy fuerte en la
puerta.
"La mesa con el desayuno está puesta!"
Entonces los perros aullaron en el baño. Gritaron de alegría
porque sabían que habría torta de cereza por la mañana del
domingo.
Pero cuando los dos entraron en la habitación, la mesa
estaba puesta solo para el padre y para la madre. Para el
niño y la niña, dos platos para perros estaban en el suelo
junto a la mesa. ¡No había torta de cereza, no! En un plato
había un hueso y en el otro una piel de salchicha, un
desayuno como a los perros. ¡Pero los niños querían torta de
cereza! Ahora ya no querían ser perros, y así lo dijeron.
Entonces, el padre y la madre rieron, y cuando los niños
recibieron torta de cereza, también se rieron.
Después de la comida, los niños empezaron a decir otras
tonterías. El padre también los copiaba, y por la tarde la
madre dijo: "¡Hoy ha sido un verdadero domingo de
tonterías!"
2. Sabine y el león en el parque de la
ciudad
(Sabine und der Löwe im Stadtpark - p.21-22)
por Sra. Tilde Michels
-- El monumento del león en el parque.
-- El león saluda con su pata.

Amphipolis (Grecia del Norte): monumento del león [2]
Traducción:
Cuando el padre llega a casa por la tarde, llama
inmediatamente: "¡Hola! ¿Dónde están mis niños?"
Entonces los tres se lanzan sobre él. Se agarran a su
cuello, saltan a su espalda y se aferran a sus piernas hasta
que apenas puede moverse.
"¡Ayuda, ayuda!" grita. "No son mis hijos en absoluto. Son
pequeños monstruos!"
Entonces los pequeños monstruos se ríen y hacen peores con
él. Solo lo dejan libre cuando promete de contar una
historia.
Las historias que cuenta el papá son mayormente sus propias
experiencias. Incluso la del león, que Sabine siempre quiere
oír.
En la entrada del parque de la ciudad hay un león hecho de
piedra. Cuando el padre va a trabajar, tiene que pasarlo. Y
les dice a los niños que el león levanta la pata cada vez
para saludarle.
Los gemelos tienen caras de incredulidad, pero Sabine está
firmemente convencida de eso.
"¿El león ha levantado la pata otra vez, papá?" pregunta
ahora.
"Por supuesto. Siempre lo hace."
"¿Solo para ti?" (p.21)
"Sí, abeja, solo para mí. Cuando paso junto a él, le digo
'buenos días' o 'te deseo buenas noches', y entonces levanta
la pata."
"¿Por qué solo la levanta delante de ti?" pregunta Sabine.
"Sí, ya sabes," responde el padre, "imagino que no está
completamente hecho de piedra. Creo que tiene corazón y que
puede vivir si quiere."
"¿Y los demás no se lo creen?"
"No."
Abeja se asiente. "Entonces el león tiene razón en no
levantar la pata delante de los demás."
Ella está orgullosa de que solo su padre experimente algo
tan misterioso. Los gemelos pueden sonreír todo lo que
quieran. (p.22)
3. La historia del osito de peluche
(Die Teddybär-Geschichte - p.23-25)
por Sra. Sigrid Heuck
-- Un cachorro de oso se vuelve independiente.
-- Salen jugando un niño de oso con un niño humano jugando
empujando, balanceándose y jugando pelota.
-- El niño oso sueña de su familia y lo llevan a sus padres
osos en el bosque.
-- La Madre Osa está cosiendo un osito de peluche para el
niño humano.

Peluche de oso en el bosque [3]
Traducción:
En un bosque donde los árboles eran especialmente densos y
siempre hacía un poco de crepúsculo (poca luz), una vez
vivió una familia de osos.
"No seas tan descarada (un sabelotodo) y quédate siempre
detrás de mí", dijo la Madre Osa a su cría cuando paseaban
juntas por el bosque.
Al principio, el pequeño oso se portaba bastante bien. Pero
a medida que crecía, escuchaba las palabras de su madre con
SOLO UN oído, luego solo con UN MEDIO oído, y finalmente con
NINGUNO más.
"Me encantaría saber", el niño murmuró para sí, "cómo es la
vida detrás de los árboles."
Y un día, cuando el Padre Oso y la Madre Osa no prestaban
tanta atención, el pequeño oso salió corriendo.
Corrió por el bosque, por praderas y campos.
Como ya estaba algo cansado, se detuvo frente a una casa
rodeada de un pequeño jardín.
Una chica fue sentada en un banco llorando.
"¡Nadie juega conmigo!" gritó. Las lágrimas corrían por sus
mejillas.
El niño oso miró a la niña. 'Cómo me gustaría jugar con él',
pensó. (p.23)
"Si quieres", gruñó, "entonces podemos empujarnos un poco."
"¿Cómo funciona eso?" preguntó la chica con curiosidad.
"Me empujas con tu dedo meñique (dedo pequeño) y yo te
empujo con la nariz, y quien se pone brusco ha perdido."
La chica estuvo de acuerdo.
El niño oso saltó la valla y jugaron a empujar hasta que no
querían más.
Más tarde, la niña le enseñó su columpio al pequeño oso.
Jugaron columpio, jugaron al balón y rieron juntos.
Por la tarde, cuando era hora de acostarse, al pequeño oso
se le permitía dormir en el carrito de la muñeca. La madre
de la niña lo cubrió como si fuera su propia hija.
Por la noche, el niño oso soñaba del bosque, del Padre Oso y
de la Madre Osa. Estaban llorando porque su hijo se había
escapado.
Cuando el pequeño oso se despertó en la mañana siguiente,
estaba enfermo. Fue temblando con todas las patas.
"¿Qué te pasa?" le preguntó la niña.
"Estoy helado", gruñó el niño oso con disgusto.
"Pero tienes un pelaje espeso. ¿Cómo es posible de tener
frío ahí?"
"Tengo frío bajo el pelaje", lamentó el oso. "De alguna
manera dentro." (p.24)
Entonces la niña llamó a su madre, y la madre llamó a su
padre. Todos discutieron qué se podría hacer por el osito.
"Creo que es la nostalgia", dijo el padre de repente.
Y como era un hombre bien educado y sabía dónde vivían los
osos, cogió al pequeño osez a caballito y lo llevó de vuelta
al gran bosque. Lo llevó a donde los árboles eran
especialmente densos y donde siempre había un poco de
crepúsculo (poca luz).
La Madre Osa y el Padre Oso se alegraron al ver a su hijo de
nuevo. La abrazaron, y el pequeño oso estuvo salió sano de
inmediato.
Pero ahora fue la niña que lloraba porque le hubiera gustado
de seguir la vida con este osito.
Entonces la Madre Osa se sentó y le cosió un pequeño oso
peluche.
"Se parece exactamente a mi osito", dijo la niña pequeña y
tomó felizmente el peluche en sus brazos. (p.25)
4. Anna prepara el desayuno
(Anna macht Frühstück - p.26-30)
por Sra. Esther Dischereit
-- Anna y su padre van a desayunar a casa de Maya.
-- Maya tiene que cocinar 5 huevos, pero todavía está muy
cansada.
-- La cocina antigua es un "Waul".
-- Poner huevos en la leche - o ponerlos en el agua.
-- Anna ajusta la cocina: ajustar el "Waul" - se calienta.
-- Y al final sale el desayuno.

Cocina antigua como un "Waul" [4] - Huevos [5]
Traducción:
Siempre los sábados, Anna y su padre tomaron un desayuno en
la casa de Maya. Maya vive en otra ciudad. Entonces, primero
tuvieron que levantarse temprano para llegar a la casa de
Maya a tiempo para desayunar. Maya había preparado la mesa
ya.
Hoy es otro sábado, y Anna y su padre han llegado muy
temprano a casa de Maya. Aún no está vestida adecuadamente
(p.26). Falta una media, el pelo aún no está peinado, los
ojos casi cerrados, especialmente el izquierdo. Porque ayer
salió mucho tiempo afuera, y ahora se mueve sigilosamente
(sin ningún ruido) por la cocina como un fantasma.
Ahí - Anna ya lo ha visto: No hay huevos en la mesa.
"Eh, eh, eh, eh, por favor, quiero comer huevos", mendiga
Anna.
"Los haré enseguida", dice Maya.
"Eh, eh," dice Anna, y anima a Maya a que se dé prisa un
poco.
Primero, Maya saca una olla del armario, luego vierte leche
y coge dos huevos en la mano.
"Eh, eh," dice Anna de nuevo, "¿no hay un huevo para mí?"
(p.27)
"Ay, ay, vaya, ¿cuántas personas somos?" pregunta Maya. Anna
lo piensa un poco y luego grita rápidamente: "Cinco."
"Qué raro", dice Maya, "¿el ladrón Hotzenplotz está comiendo
con nosotros hoy? ¿Y quizá también tu elefante?"
"Sí, sí", grita Anna.
"Muy bien: Fueron Anna, el elefante, Maya y el padre de Anna
- ah, sí, y el Sr. Hotzenplotz. Eso son cinco."
Entonces, tenían dos huevos de la nevera ya. Ahora todavía
faltan tres. Maya está a punto de meterlos en la leche.
"Eh", grita Anna, "cuidado, eso está mal. Los huevos no
deberían estar en la leche. ¿Sería mejor que yo voy a hervir
los huevos?"
"Está bien", dice Maya (p.28), "y voy a tener tiempo para
vestirme rápidamente."
El padre de Anna va a comprar pancitos. Ahora Anna está sola
frente a la estufa. De repente, él le parece un gran
monstruo con una boca voraz. Como un enorme "Waul", piensa
Anna, especialmente cuando la puerta del horno está un poco
abierta.
Y ahora, ella virtió la leche de la olla en un bol. Luego
faltó subir a la silla para lograr de abrir el grifo para
verter agua en la olla. ¡En corto tiempo, la olla está
llena!
Luego, ella baja de la silla, pone los cinco huevos en la
olla y los pone en la cocina (p.29), en uno de los tres
platos negros.
"Hihi", sonríe el Waul, "ahora no sabes cómo encenderme."
"Eso no es justo de todo", dice Anna, "puedo girar un poco
el botójn de tu barriga, te vas a iluminar."
"Yaya," responde el monstruo, "¡no sabes dónde!"
¡Y sí, Anna lo sabe! Hay cuatro botones. Debajo de cada uno
hay una imagen. En él puedes ver cual botón pertenece a cual
fogón. La placa pequeña delantera es la correcta. La olla ya
está puesta. Entonces, falta manejar el primer botón. Se
enciende una pequeña luz (p.30). El fogón se pone caliente.
Anna ahora se aleja del Waul. Él realmente le sonríe con su
boca grande.
"¿Por qué no me tocas?", grita. Pero Anna no extiende la
mano. Sería risible que le tocaría cuando él está caliente
brillando.
'Le voy a mostrar algo a ese Waul', piensa ella. Ya puede
oír cómo el agua en la olla empieza a hervir. El Waul vibra.
¡Que una niña tan pequeña le ha ganado!
Y cuando Maya sale del baño, no puede creer lo que ve. De
hecho, los huevos ya se están cocinando alegremente (p.31).
Retumban (mueven) en su olla y se ríen del Waul.
¿Qué hay ahora en la mesa del desayuno? Mantequilla,
mermelada, sal, azúcar, leche, una cafetera negra con
flores, miel, un poco de queso y salchicha (embutido) y
cinco huevos:
uno para Anna,
uno para el padre de Anna,
uno para Maja,
uno para el elefante y
uno para el Sr. Hotzenplotz.
Provecho.
5. Dos niños ordenados
(Zwei ordentliche Kinder - p.33-36)
del Sr. Dimiter Inkiow
-- dos niños deben sufrir cuando su mamá grita varias veces
que "1000 veces" dijo que los niños deberían ordenar sus
cosas. Pero eso es mentira, porque jamás fue 1000 veces
-- luego los niños están ordenando las cosas de los padres y
los padres ya no encuentran las cosas suyas: unas gafas y
una cadena de oro se han puesto en el "lugar correcto".
Traducción:
Un día, mi hermana Klara y yo [el hermano] oímos a mamá
quejarse de nosotros a papá en la cocina: "Los niños son tan
desordenados", dijo ella. "¡Qué desastre! No sé qué hacer.
He hablado con ellos sobre ello 1000 veces. Lo dejan todo
atrás. Tengo que limpiar todo el día después de ellos. 1000
veces les he dicho que vayan a ordenar su habitación. Parece
un cuarto de chatarra. Pero no pasa nada."
El papá suspiró.
Fue mirando a Klara.
Klara fue mirando a mí.
Ambos estábamos muy indignados. Corrimos a la cocina y hemos
gritado: "¡Eso es mentira! No nos dijiste 1000 veces que
deberíamos ordenar la habitación de niños."
"¿No te dije hace una hora que vayas a ordenarlo?"
"Sí, pero eso solo fue UNA vez."
"¿Y ayer? ¿Y anteayer? ¿No te dije de ordenarlo?"
"Sí", dijo Klara, "pero eso no es 1000 veces (p.33). Mil
veces es cuando nos dices mil días seguidos para ordenar."
La mamá suspiró: "Ya te lo he dicho muchas veces. Entonces,
una vez más: Por favor, pongan en orden su habitación de
niños. Quiero que sean dos niños decentes a partir de hoy.
¿Entendido?"
"¿Entendido?" preguntó papá.
Asentimos y fuimos a nuestra habitación. Allí decidimos de
convertirnos en dos niños bastante decentes.
"¿Pero cómo convertirse en un niño decente?" pregunté.
"Muy simplemente", explicó Klara. "Tienes que ordenar todo.
Si ves algo que no está en su sitio, tienes que ponerlo en
su sitio."
"Bien", dije, "lo haré. Voy a poner todo a su sitio
correcto."
Inmediatamente miré a mi alrededor con atención para ver qué
no estaba en su sitio en la habitación de los niños. Pero no
encontré nada.
"Tienes que ordenar tus juguetes", dijo Klara. "Están
dispersos por todas partes."
"Eso no es cierto en absoluto. Todos están en su sitio."
"¿Y qué hacen los coches debajo de la cama?"
"Ahí es el parqueo subterráneo." (p.34)
"¿Y la excavadora que está bajo la mesa?"
"Hay un pozo de construcción. ¿Pero qué hacen tus muñecas en
la silla?"
"Están sentados", dijo Klara. "¿Dónde más pueden sentarse?"
Hemos continuado buscando lo que podíamos limpiar y hemos
encontrado dos chicles. Uno para Klara y otro para mí. Y
como el lugar adecuado para masticar chicle es la boca, les
hemos puesto directamente. Luego hemos masticado más
siguiendo buscando lo que todavía faltaba a ordenar.
[Ahora vienen las lentes y la cadena de oro en el "lugar
correcto"]
En el sofá del salón hemos encontrado las lentes del papá
cerca del periódico. No estaban en su lugar correcto.
Inmediatamente los metí en la chaqueta del papá en el
ropero. Y luego hemos visto el collar dorado de la mamá:
estaba en el cenicero en la mesa del salón. Klara lo cogió
inmediatamente y lo guardó en la bolsa de teatro de la mamá
en el armario.
"El cenicero no es su lugar correcto", dijo ella. "Ahora por
fin sabemos quién es un desastre en esta casa."
Después de haber puesto algunas cosas en su sitio, hemos
salido a jugar. Regresando el papá estaba desesperado
buscando sus lentes por toda la vivienda. Y la mamá (p.35)
estaba buscando su cadena dorada por todas partes. Ambos
estaban muy emocionados. La mamá murmuró para sí misma:
"Alguien robó mi cadena de oro. ¿O lo he perdido? Ayer lo
tenía en la mano... Alguien me la robó..."
"Mis lentes deben estar por aquí en algún sitio", dijo papá,
"He leído mi periódico esta mañana. Niños, ¿no habéis visto
la cadena dorada de mamá y mis lentes?"
"Sí", dijo Klara. "Las hemos ordenado..."
"¿¿¿Qué han hecho???"
"Las hemos puesto en su lugar correcto porque nos hemos
convertido en dos niños decentes." (p.36)